jueves, 27 de abril de 2017

Escultores de la realidad




Resultado de imagen de foto de cincel y martillo sobre cabezaEscultores de la realidad lo somos todos. La diferencia entre unos y otros es que el pedazo de realidad sobre el que esculpen unos es más o menos grande que el pedazo de realidad sobre el que esculpen otros, que el cincel con el que modelan tiene más o menos fuerza, que unos lo hacen así, otros asá. Y en función de todas esas variables se influye en una persona, en cientos, en miles, en millones, en miles de millones o en nadie. Ni a veces en uno mismo, que es lo que sucede cuando cincelas sobre una realidad que ni tú mismo te crees.
Ahora mismo, en uno de los países más poderosos del mundo manda un hombre que piensa que a las mujeres basta con cogerlas por el coño, algo que seguramente ha llevado a la práctica con asiduidad, descuidando otra parte importante y placentera de la mujer, su cerebro, fruto de lo cual se ve obligado a sustituir a su esposa por su hija, de la que seguramente, por razones obvias, no ha saboreado más que su cerebro.
Pues bien, esta hija, en funciones de esposa cerebral que no coñal, de este hombre tan poderoso ha tenido a bien decir que su padre es un defensor de los derechos de la mujer. Y lo ha dicho rodeada de mujeres independientes, capaces e inteligentes. Los murmullos de incredulidad, desaprobación con un toque de sarcasmo han menudeado.
Pero, ¡Qué golpe de cincel sobre la realidad!
Ni Miguel Ángel en su Piedad.
Sobre una realidad que afecta a miles de millones de seres humanos.
Esta hija promete.
No me extraña que tamaño padre esté orgulloso de tamaña hija.
Él dijo una cosa, ella dice lo contrario. ¿Cuál es la realidad? Pues la que más veces se repita.
El escultor de la realidad no tiene porque etiquetarse bajo ningún punto de vista especial. Ni moral, ni ética, ni estéticamente. Es muy necesario pero no se hace. Y menos en el momento. Igual con el tiempo, en el lienzo apelmazado y poco útil de la historia.
Escultor de la realidad ha sido Hitler, que mientras esculpía la Alemania imperecedera aniquilaba a millones de judíos, un hijoeputa que diría un mejicano. Escultor de la realidad fue Stalin, que idem, eadem, idem, o el mismo Franco que además de hijoeputa era español, o sea nos cinceló de cerca.
Pero también lo fue Gandhi, que mientras llevaba a la India a la independencia de manera modélica y admirable, exquisita diría yo, dejaba para siempre, por ahora, instaurada la existencia del país más injusto y desigual, sobre todo por la naturalidad con que se lleva, de este planeta. Un hombre admirable que esculpió sobre una realidad horrible.
Todos tenemos nuestros escultores favoritos a los que admiramos y nuestros escultores favoritos a los que odiamos y maldecimos.
Eso está bien.
Peor lo más importante de todo es que no perdamos de vista que son esculturas.
Esculturas de la realidad.
Que la realidad es otra cosa.
La Piedad de Miguel Ángel es una escultura maravillosa, se puede estar contemplándola horas sin cansarse pero es de mármol. Y el mármol costó Dios y ayuda arrancárselo a la cantera.
Y eso no lo hizo Miguel Ángel.
La hija cerebral del hombre poderoso dijo lo que dijo, mostró su realidad, ante mujeres también escultoras hábiles, como la Presidenta del FMI, que hace con los billetes lo mejor para todos, según ella y sus admiradores, o la Primer ministra alemana que ha esculpido Grecia con una soltura que a buen seguro nunca tuvo Mirón.
Miremos bien, pues, para no perder de vista la realidad.
Es complejo, lo sé, pero es imprescindible.

lunes, 27 de marzo de 2017

PP y CiU (RIP), Franquismo y derecha

La controversia sobre si existe todavía en política “las derechas” y “las izquierdas” es muy parecida a querer hacer desaparecer la moda de la temporada pasada para poder vender ropa de la moda que se ha creado para esta temporada y así recoger dineritos, léase votos.
Pero unos calzoncillos siguen siendo unos calzoncillos y una corbata, una corbata. Están dónde están y sirven para lo que sirven.
De la misma manera que la función de una prenda la hace inconfundible, los comportamientos de los partidos delatan lo que se son y de dónde provienen.
PP y CiU (RIP), se parecen en una cosa. Los dos son los partidos más corruptos en el ámbito territorial de su actuación. El PP en el Estado Español y CiU (RIP) en Catalunya. Con diferencia. Sólo el PSOE amenaza al PP, pero de lejos. CiU (RIP) no tiene rival de consideración, líder como el Cid, después de muerto.
Y se diferencian en otra. En su forma de reaccionar, al menos superficialmente, que ya es algo, ante las imputaciones y las pruebas escandalosamente delatoras de la podredumbre corruptora en la que están sumergidos hasta las trancas, poniendo de manifiesto sus diferentes procedencias y esencias.
CiU (RIP), un partido conservador, de derechas, mercantilista y “amigo” de la iniciativa privada, pero nacido en democracia no ha podido resistir la vergüenza de verse un día sí y otro también desenmascarado en sus tejemanejes de enriquecimiento y soborno a todo Dios que se acercara a las inmediaciones de sus dominios que durante muchos años ha sido Catalunya entera.
Tanta es la vergüenza sentida que el decoro ha saltado hecho añicos y ha aparecido el descaro. Un descaro un tanto compungido que les ha impelido a cambiarse de nombre, como el que admite su culpa y cabizbajo quiere escabullirse y pasado un tiempo, “aquí paz y después gloria”
Qué dirán muchos, no todos, ¡Hay que tener cara dura!
Pues claro, muchísima.
Pero ¿Y qué me dicen del que puesto en semejante tesitura, o peor, pues no en vano su campo de actuación y poder es más amplio y por lo tanto su capacidad de enmerdarse mayor, no hace lo mismo?
O sea, lo han adivinado ¿Por qué el PP no se ha cambiado de nombre?
Porque su desvergüenza tiene recio abolengo y a la vez que les ata, les protege de ser arrastrados por el vendaval de la dignidad y la vergüenza.
El PP viene de otra época y ya al ponerse ese nombre estaba haciendo lo que ahora ha hecho CiU (RIP), no por vergüenza en este caso, si no por pura estrategia. Y dos veces. Desde las remotas cavernas del franquismo primero fue AP y después PP, en las dos el calificativo popular. Dime de lo que presumes y te diré de lo que careces.
Viene de aquella época en que impunemente lo que hiciera el Poder estaba bien hecho, fuera lo que fuese. De cuando todos los poderes políticos estaban bajo la misma bota.
No se puede acoger a todo el poder franquista que había en España y esperar que en cuarenta años desaparezca. Poco a poco irá despareciendo, por abandono y por imposición pero presumo, viendo a los cachorros que van llegando, que muchos seguirán casados, icono de ¿Lo cogiste?,  con estos comportamientos por unos cuantos años más. Que la ciudadanía los siga permitiendo es harina de otro costal. Por ahora algunos compatriotas nuestros tienen enormes tragaderas.
Por eso no se cambian el nombre, estrategia quemada, por eso y porque han desarrollado un gen que les permite contra viento y marea, con un rostro espantosamente duro, ponerse delante de los medios y de toda la ciudadanía y negar lo evidente. Lo han mamado y ahora con estas edades ya no están para cambios.
Es su naturaleza.
Esa es la diferencia entre “ser franquista” o “ser de derechas”.
PP i CiU (RIP).
¿Otra prueba de que el PP no es derechas?
Pues que el PSOE haya pasado a ocupar tranquilamente en el espectro, en su acepción más lúgubre, político de esta democracia nuestra la posición de centro derecha.
Quizás algunos de los que lean esto caigan en la cuenta o hayan sabido por otras fuentes que en la época de Franco nadie dimitía por corrupción. Pues eso.
¿Qué lo de Franco era una dictadura y esto una democracia? Pues por eso mismo.
Es que todo me cuadra.
Más claro, el agua de manantial cuando mana limpia que también llevamos un tiempo que….

miércoles, 30 de noviembre de 2016

“El show de Trump” ¿Quién manda aquí?




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Después de varios meses de estar jugando a la buena y el malo y de sorprenderme de que tanta gente, incluso gente fuera de toda sospecha, entrara al trapo y de que ahora, que ha ganado el malo, sigo viendo como el juego continúa, no me queda más remedio que decir que yo en ningún momento me lo he creído. Que no era un enfrentamiento entre una mujer buena y un hombre malo. O sí lo era pero no en la medida en que tanta gente parece haber creído. Y hablando de tanta gente ¿Nos hemos dado cuenta de que quizás estas elecciones americanas dentro de unos siglos, si aún andamos por aquí, pueden ser contempladas como un vestigio, de lo que entonces será habitual, no sé si bueno o malo, y que será un sistema democrático planetario, en el que todos los seres humanos elijamos a nuestro guía? Porque en estas elecciones americanas sólo han votado los americanos pero aquí, en España, por ejemplo, ha habido más compatriotas interesados que cuando se celebraron la últimas nuestras.
Ojalá fuera Trump el sustentador del poder que ha de dirigir la política de EEUU los próximos cuatro años. Porque Trump será un racista, un machista, un homófobo y fiel seguidor de esa máxima tan poco humana y que tanto practicamos los humanos- Si puedes bien y si no te jodes-  pero al fin y al cabo es un ser humano. Tiene hijos, se ha casado tres veces, ha tenido amantes, cólicos y ahora con la edad que va teniendo, y a pesar del incentivo que supone su esposa, ya habrá empezado a notar lo que algunas veces cuesta levantar algo, aunque su peso sea mínimo. O sea, no será complicado despertar su empatía y al menos entrar en conversaciones. Hablan el mismo idioma, él, que quiere poner un muro entre su país y México, y los mejicanos que lo llaman de todo y se cagan en sus antecesores. Él  les entiende. También entiende a sus compatriotas que están cabreados y dicen cosas tan extrema como las que dijo Robert de Niro. O le traducen lo que ha dicho Miguel Bosé y también sabe que no le cae nada simpático a este simpático compatriota nuestro, lo más parecido al Bono irlandés que tenemos por aquí.
Pero todo esto no forma parte más que del reparto de “El show de Trump”.
El que verdaderamente manda, el que está detrás de las bambalinas, no tiene hijos, ni esposas, ni sabe lo que es un dolor de cabeza, ni que un corazón se aceleré, ni tan siquiera contempla a los seres humanos como tales. Para este poder los seres humanos son como una mina de diamantes, un campo de pozos petrolíferos o el posible valor que el agua puede tener en el futuro. Todos elementos constitutivos de adquirir riquezas y obtener ganancias. Todos elementos de una inmisericorde cuenta de resultados.
Ese es el poder que gobierna EEUU. Un poder que ya ha rebasado fronteras y que tiene múltiples caras, casi ninguna tan descarada como la americana, pero todo se andará. Un poder que se envía señales de complicidad por todo el planeta. Que si se levanta el muro con México, no importará, porque también está en México.  Que envía señales inequívocas, desde Rusia, de impaciencia o que parece que empieza a despertar en China. Un poder que en Europa ya campea a sus anchas y que los ingleses desde la City tienden a creer que es cosa suya.
Ese es el poder que gobierna EEUU. Un poder que no levantará el muro con México, porque de México viene una mano de obra barata muy necesaria para que las empresas funcionen y las ganancias sigan fluyendo. Un poder que no dejará que la OTAN se vaya al carajo porque es una fuente de ingresos de dinero público bien estructurada. Un poder que valorará si derogar la incipiente seguridad social que ha instituido Obama o seguir con ella, viendo que las mutuas no se han visto muy afectadas y vía medicamentos subvencionados se abre otra fuente de ingresos públicos con muy buen aspecto. Un poder que valorará si es mejor trabajar para acabar con el racismo en EEUU o dejarlo que fluya un poco más y así tener entretenida a la población.
Ese es el poder que gobierna EEUU y repta para gobernar el resto del mundo.
Muchas veces hemos oído decir, en lo tocante al tercer mundo: Sí, los países imperialistas tiene su responsabilidad pero los cómplices del imperialismo que ha habido en esos países también tienen la suya.
Eso a grandes rasgos es cierto. Pero sería más acertado decir que ese poder del que hablo y que gobierna de verdad EEUU, tiene cómplices en todo el mundo. No hay países imperialistas. Eso de los países imperialistas ha sido la máscara tras la cual se ha escondido ese poder. Un poder que se seguirá escondiendo hasta que gobierne el mundo o hasta que perezca. Cosa complicada porque goza de una atracción para mí y para mucha otras personas, aunque no suficientes, inexplicable.
Con cebos tan torpes pero tan  efectivos como los recientes “Black Friday” o “Ciber Monday”. No se puede ser un pescador más garrulo. Pero, ¿Para qué cambiar si la pesca es abundante y las cuentas de resultados llegan a rebosar a puerto? Eso sí, un puerto donde hay muy pocos para recoger la cosecha. Los servidores más cualificados de ese poder. Forbes nos informa.
¿Qué quiero decir con esto? Que a ver si salimos de la película, rebasamos el plató que nos han preparado y le damos la espalda a ese poder que tanto daño está haciendo y que tengamos en cuenta que por ahora nos ha tocado hacer de afortunados pero no hay garantías de que algún día no nos toque hacer de clientes de una patera o de un grupo de exiliados desesperados que huyen de una ciudad en ruinas, o algo peor. Y aunque no nos toque, está muy feo hacer de ciudadano afortunado del primer mundo cuando no hay rotación en los papeles y de pobres siempre hacen lo mismo.
Si esta reflexión ha servido para cuestionar nuestro papel a la vez que el de Donald Trump, bienvenida sea, y si no pues yo ya he hecho lo que está en mi mano. Actuar conscientemente. Y a ver si conseguimos juntarnos muchos y hacemos otra película. Porque película siempre tiene que haber.

jueves, 27 de octubre de 2016

Última llamada al Sujeto



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Ahora que han pasado cuarenta años desde que se inicio la Transición, que yo he llamado Transposición y que he explicado en otro post, se pueden afirmar con rotundidad y más que anhelos de objetividad algunas cosas.
La primera es que los partidos políticos tradicionales han fracasado. Han fracasado en el proyecto de sacar a España del pozo de la dictadura y convertirla en un país verdaderamente democrático, con unos poderes independientes y una ética política moderna, en la que el servicio a la sociedad no siguiera siendo una forma de vida y de empleo. En la que la línea de prioridad: Pueblo, Partido, Político, pudiera imponerse y no seguir con esa otra farisaica de primero el político, después el partido y por último el ciudadano. Hoy se puede afirmar que el PP es el partido más corrupto que ha habido nunca en España, desde que se tienen noticias de que la política podía ser un invernadero para incapaces, pelotilleros y delincuentes. El PSOE fue pisar España en plan legal y empezar a dejar de ser socialista. No ha llegado al nivel de corrupción del PP, la falta de práctica, en la clandestinidad uno no se puede entrenar, pero lo ha intentado. En Andalucía ha dejado el pabellón muy bajo. En cuanto a los partidos nacionalistas que han pintado algo, el PNV lo es tanto, lo de nacionalista, que para él, Sevilla Y Nueva York son dos ciudades del planeta Tierra. Una más cerca que otra, pero ya está. Y del otro partido nacionalista, ¿Qué decir?, a parte que se ha descompuesto de tan podrido que estaba ha dado una lección de cómo se pueden utilizar los anhelos de un pueblo para servir a una familia, algo que desde la Edad Media no se había vuelto a ver. De los comunistas basta con ver lo mal que han hecho lo poco que le han dejado.
Una idea del fracaso que han supuesto los partidos políticos tradicionales la dan dos datos también muy claros.
Uno. A las primeras de cambio los verdaderos liberales se fueron a tomar por el culo. La UCD, incipiente esperanza liberal en España, fue machacada por un franquismo con piel de resignado, todavía poca cintura, que despedía un hedor que en el partido de Suarez a muchos les costó la vida política, empezando por el mismo Suarez.  Se puede decir que UCD se encontró a los liberales, Alianza Popular los cocinó y el PP se los comió. Nunca se ha vuelto a oir hablar de ellos.
Dos. La Monarquía con todo y las equivocaciones y corrupciones padecidas es la institución pública que siempre ha estado más dispuesta a los nuevos tiempos, ahora también. Por encima de los partidos. Algo insólito. Para confirmarlo sólo falta que Urdangarín vaya a la cárcel. Sería un buen indicio de que hay esperanzas de que la Monarquía se modernice todavía más, sobre todo en sus atribuciones, y dejar alguna importante en manos de instituciones elegidas por el pueblo. Veremos. Pero la incompetencia y mediocridad de los partidos políticos le ha dado más protagonismo del deseado.
 La segunda cosa que se puede afirmar después de estos cuarenta años es que ha habido otra institución pública que ha fallado garrafalmente. El pueblo. Nosotros. Salimos apolíticos, “in albis”, alejados de la “res pública”, temerosos, vamos como cabra en biblioteca de la dictadura, y cuarenta años después poco hemos avanzado. Hemos vivido de espaldas a nuestro principal negocio, nuestro país. Hemos pagado impuestos, hemos votado pero no hemos tomado posesión de nuestro país. Ni tan siquiera en el sector más evidentemente nuestro, los sindicatos. Organizaciones que vivían nuestro día a día, que llegaron para defender nuestra inmediatez, nunca han estado en manos de los trabajadores, y ya sé que ha habido sindicalistas golfos, pero esa no es la explicación a su inoperancia y fracaso. La explicación es que no hemos estado en la lucha, no hemos estado presentes en sus organizaciones y han acabado siendo pasto de la apatía y la corrupción.
Nosotros, el pueblo no nos lo hemos creído. Hasta que ha llegado la crisis. Que no es que nos lo hayamos creído ahora si no que nos hemos alarmado sobre manera y hemos salido a las plazas como quien despierta de una pesadilla. Restregándonos los ojos y preguntando ¿Cómo es posible?
Y tras las plazas vienen las reacciones más lógicas: Organicémonos y despidamos a quien no ha sabido dirigir nuestro país. Y en esas estamos. Y para eso han surgido unos partidos que incitan directamente a la participación. Hasta el liberal y derechista C’s se ha hecho consciente y de manera indirecta invita a la ciudadanía a la participación.
Pero es en Podemos donde esa invitación se hace más explícita. El sujeto de ese verbo está bien claro cuál es. Y por si fuera poco evidente las dos iniciativas que recientemente han surgido en su seno siguen insistiendo. Tanto Vamos! como Hacemos no tienen más que un sujeto. Es una decidida llamada a la participación y el empoderamiento del pueblo. Quizás la última. El sistema productivo capitalista está en crisis y mutará. Mutará hacia donde las fuerzas que impulsen la sociedad en ese momento decidan. Y si el pueblo no está serán los partidos políticos, las multinacionales y las corporaciones financieras quienes decidan. Y a buen seguro que en esas decisiones cada uno defenderá lo suyo. Así que si “nosotros” no estamos, seguramente “nosotros” no contaremos. Aprovechemos pues esta última llamada. Declarémonos por fina amos y dueños de este país y luchemos por lo que es nuestro. El tren está saliendo. Igual es el último. Y después hay que salir del túnel andando...o arrastrándose. O no se puede salir.

domingo, 21 de agosto de 2016

El tren de la historia espera a Pedro Sánchez



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No a todos los políticos les pasa el tren de la historia por la puerta. Por ejemplo, en España, a los políticos de derechas nunca les ha pasado. Fraga fue el que más cerca estuvo y como ya estaba muy mayor, pues no pudo dar el último salto que le hubiera dejado encima del vagón de la nueva derecha española, moderna y no franquista. Lo de Aznar fue puro chascarrillo, ni siquiera historieta.
También en la izquierda ha habido políticos que lo del tren de la historia ni lo han olido. Santiago Carrillo, por ejemplo, estuvo esperando años en una estación por la que ya ni los trenes de mercancías pasaban.  Julio Anguita siempre ha estado lejos de cualquier estación, es hombre de apeaderos sin paso a nivel. En la izquierda socialista hay de todo. Joaquín Almunia y Javier Solana, fogoneros “full time”, trabajando en el tren de la historia difícilmente podían brillar en él. Alfonso Guerra, un revisor adelantado, está en la misma situación.
He dejado para el final a Felipe González, que tuvo el tren de la historia varios años parado a su puerta y que mirando lo que hacían los suecos y los alemanes, que ya andaban por el tren de alta velocidad, al final se quedó sentado en uno de esos bancos que hay en las estaciones, desde dónde se ve lo que los demás viajan y tú, como mucho puedes sacar un pañuelo y despedirlos con emoción. Hombre egocéntrico donde los haya, ahora mismo no hace más que sacar pañuelos. Algunos con bastantes mocos, todo hay que decirlo.
Pero eso es historia y yo de lo que quiero hablar es del tren que lleva parado en la puerta de Pedro Sánchez ya casi un año.
El billete es grande y de clase ciudadana. Un caramelo si se tienen arrestos y confianza en la sensatez de los españoles.
Sólo tiene que ponerse a andar hacia Podemos, tener cuatro palabras con ellos. Después, ambos, llamar la atención de los nacionalistas vascos y catalanes y a continuación el tren, el de la historia, por si mismo se pondrá en marcha.
Sólo ver la cara de “más gilipollas” que se le va a quedar algunos viendo cómo se va el tren sin ellos ya merece la pena.
¡Y no pasará nada!
Nadie se va tirar del tren en marcha.
Es más, es muy posible que una vez arriba los nacionalistas estén más preocupados por la marcha del tren entero que por algunos vagones en particular. Y en Podemos seguro que no va a faltar la ilusión de estar por primera vez en el tren de la España que ya hace tiempo nos merecemos todos.
¿Es que Pedro Sánchez no se da cuenta de eso? ¿Es que no hay ningún allegado con cojones que se lo diga, aún a riesgo de ser después defenestrado? ¿No merece la pena correr ese riesgo?
Porque si Pedro Sánchez no está pensando en eso, ¿En qué piensa? Unas terceras elecciones lo va dejar más sonado que algunos boxeadores.
Sé que desde dentro lo están frenando, que las presiones que le llegan son para que deje pasar ese tren, de que tiene que hacer lo que se hace normalmente en estos casos, es decir, dejar pasar la historia.
Le pesará.
Le pesará, sobre todo, porque es joven y le queda mucho por ver. Y quizás en unos años vea como otros, más valientes y dispuestos, si cogen ese tren, y compruebe que del tren no salta nadie. El tren no se rompe. Porque la mayoría de los viajeros que van en él, tienen más claro de lo que parece cual es el destino y la mejor manera de llegar a él.
Que luego no diga que nadie se lo dijo y envejezca sacando pañuelos llenos de lágrimas de arrepentimiento. Despidiendo a la historia que un día, meses, lo estuvo esperando.
PD: Ah, se me olvidaba, a Mariano Rajoy  lo del tren de la historia le da pereza. Por mucho que se suba en él, siempre sentirá nostalgia de las diligencias. La putada es que con esas intenciones nos tiene a muchos tragando polvo.