lunes, 3 de agosto de 2015

Cuento para los médicos de la política, los politólogos.



Un partido político es como un cuerpo humano. Tiene su corazón, su cerebro, unas extremidades para agarrar, otras para desplazarse. Algunos incluso tienen sexo, casi siempre masculino. Por supuesto tienen ano, por el que expelen las porquerías. Al PP, por ejemplo no le funciona nada bien. Hace tiempo que no tiene una buena cagada. Y en el intestino la mierda se le va acumulando. De ahí que su cerebro, ya de por si vacilante e impreciso, todavía titubee más, al hacer declaraciones, pues tiene puesta su atención en las tripas sobrecargadas. Está lloviendo, dijo. Con tal de no cagar, cualquier cosa. Claro que el PP siempre ha sido un cuerpo de los de antes, mucha comilona y poco ejercicio democrático le han puesto la decencia por los suelos.
Y como todo cuerpo humano, hay partidos jóvenes y pletóricos que se enardecen en las primaveras y hay partidos ya caducos, ancianos, algunos próximos a la senilidad, apergaminados y llenos de achaques.
Y está la sangre. La sangre es muy importante. Recorre el partido y lo nutre. Esto, en los cuerpos jóvenes se nota mucho. Y sólo hay que ver a los cuerpos viejos, como la sangre no les llega ni para pegar carteles y tiene que pagar para que se los pongan. Claro, como son viejos y endeudados con los bancos, pues se lo pueden permitir.
Los cuerpos viejos de nuestro país están aquejados de diferentes dolencias. Alguno estuvo mucho tiempo sin poder respirar, cuarenta años para ser más preciso, y cuando lo hizo y se lleno los pulmones de aire, lo primero que se le ocurrió fue borrarse del marxismo, que ya ves tú el daño que haría pertenecer a un club que ya casi ni tenía socios, que luego hasta se le cayeron las paredes, más en concreto el muro. Claro, que luego se apunto al club de la OTAN. Y ya todo fue de mal en peor. Hay otro que como siempre estuvo a la sopa boba, cuando hubo que pagarla pues fingió que lo hacía pero en realidad estaba con lo de siempre, lo que sus padres y abuelos le habían enseñado. Ahora está que no sabe si va o viene pero su intención es quedarse. Después hay otro que aunque tuvo los carrillos fuera parece que le sirvió de poco pues llegó apasionadamente desmadrado que hasta disfrazado se presento por aquí. Nunca se aclimató, estaba acostumbrado al frio de la estepa y el Mediterráneo le reblandeció el cerebro. Pobre, se invento una canción del  verano, El eurocomunismo la llamo, que como toda lo que tiene que ver con esta estación fue efímero.
También están los cuerpos de otras razas, que si tienen un hueso más, que si la genética es diferente. Meras excusas para llevárselo crudo, como buenos indígenas.
Sea como sea una cosa tienen en común estos cuerpos ya fatigados, lo poco que han cuidado la corriente sanguínea. Esa que mantiene la piel tersa, el corazón lozano y el cerebro despierto y sobre todo que ayuda a que las extremidades actúen para poder acercarse a las urnas, pegar carteles, hacer socios ...etc., etc.
Ahora con la llegada de los cuerpos jóvenes y con las sucesivas berreas electorales que ha habido pues parece que se han puesto a dietas primarias y se han hartado de potingues televisivos, a cual más esperpéntico, pero para algunos ya es demasiado tarde. Hay órganos deteriorados que ya no se recuperaran. Sólo hay que ver al viejo Pasok griego, con lo que fue él, y ahora anda por Grecia con un taca-taca y pañales para la incontinencia.
De esto, deberían tomar nota los partidos, digo cuerpos, jóvenes. Y más los que más alardean de cuidar la sangre que los ha puesto de pie. Cuando se es joven parece que se puede con todo y después sucede que si fumas, bebes en exceso o te metes debilidades humanas en vena, la sangre se deteriora y uno se convierte en un viejo aburrido y decrepito que ya no seduce a nadie. Además para ver lo saludable de una buena dieta y de una sangre sana, sólo hay que mirar a algunos cuerpos que acompañan a estos jóvenes partidos, cuerpos viejos pero que lucen muy bien. Y además en cualquier clima. Desde el seco de la meseta madrileña, al frio y brumoso de Bruselas pasando por el mediterráneo de Barcelona.
Resumiendo, la sangre es un bien muy preciado que si se cuida da su rendimiento pero que si no, enseguida se convierte en sangre de garrafa que cualquier televisión puede aderezar a su modo y manera y esto es muy malo.
Si algún politólogo no me ha entendido eso es que no aprovechó bien las clases y debería volver a las aulas y para los que me han entendido no estaría de más que como médicos de la política hicieran un intensivo sobre la sangre, que vendría muy bien para que después no nos liemos en la etiología a la que parece que nos abocamos si no lo remediamos.  Un master, que ahora están de moda.
De nada.
Posdata:
Se me olvidaban dos cosas.
Una. Los viejos son muy pellejos y algunos han aprendido a vivir sin casi sangre. A algunos jóvenes intentarlo le ha costado caro.
Dos. Para cambiar cromos lo mejor es ir la Mercat de Sant Antoni o a El Rastro, pero no a la Generalitat, no es buen sitio y además no está el horno para cromos.